Y me hice maestro que es hacerme ser humano

Bienvenidos y saludos a todos y cada uno de ustedes, personas que al igual que yo desean expresar sus vivencias de cómo se fue o está contruyendo su formación docente.
No importa tu condición personal, social, cultural, profesional..., sólo que seas o hayas probado la gran satisfacción de ser docente.

miércoles, 6 de junio de 2012

Y quién escribe sobre educación?

Hoy día, todos hablan de educación en México (no es verdad, esto ha sucedido siempre y desde todos los tiempos; pero tenía que empezar de alguna manera) no se si por  moda o simplemente porque alguien debe hacerlo; Lo cierto es que, son los docentes quienes menos realizan este acto reflexivo, estos  seres que día a día se enfrentan al sublime y a la vez ingrato trabajo en las aulas son quienes menos sancionan o ensalzan esta noble tarea.
Quienes hablan son todos, menos los interesados. Por experiencia, puedo decir que tengo el gusto de conocer más "buenos docentes que malos", no dudo que existan "seres" (elimino el término docente para ellos, maestros para muchos o cualquier término que en su semántica pudiese definirlos como parte de una sociedad o naturaleza humana) mercenarios de la educación, que sólo han buscado el espacio de confort y subsistencia "parasitaria".
Hoy, quiero ocupar este espacio para reconocer en mis colegas docentes la capacidad de pensamiento y acción; individuos que no son parte de un gremio social, político o económico; pero que con su actuar diario se convierten en parte de este gran grupo, la de seres "humanos".
Espero que tú compañero docente, puedas obsequiarme un comentario para reconocerte y reconocer a quienes realizamos esta noble tarea que sirva como testimonio de lo que valemos.


DE LA SABIDURÍA
El hombre sabio es el que ama y reverencia a Dios.
El mérito del hombre está en su conocimiento y en sus
acciones, no en su color, fe, raza o nacimiento. Porque
debes tener presente, amigo mío, que el hijo de un pastor
que posee conocimientos vale más para una nación
que el heredero de su trono, si éste es un ignorante. El
conocimiento es tu verdadera ejecutoria de nobleza, sea
quien fuere tu padre o tu raza.
El saber es la única riqueza de que no te pueden despojar
los tiranos. Sólo la muerte puede apagar la lámpara
del conocimiento que arde dentro de ti. La verdadera
riqueza de una nación no consiste en su oro ni en su plata,
sino en su saber, en su sabiduría y en la rectitud de
sus hijos.
Las riquezas del espíritu embellecen la paz del hombre
y producen simpatía y respeto. El espíritu de cualquier
ser se manifiesta en los ojos, en el semblante y en
todos los movimientos y gestos del cuerpo. Nuestra apariencia,
nuestras palabras, nuestras acciones no son
nunca más grandes que nosotros. Porque el alma es
nuestra casa; nuestros ojos, sus ventanas; y nuestras
palabras, sus mensajeros.
El saber y el entendimiento son los fieles compañeros
de la vida, que nunca te serán desleales. Porque el
conocimiento es tu corona y el entendimiento tu báculo;
y no podrás poseer mayores tesoros cuando los llevas
contigo.
El que te entiende es más allegado a ti que tu mismo
hermano. Porque los parientes pueden no entenderte ni
conocer tu verdadero valor.
La amistad con el ignorante es tan imbécil como discutir
con un borracho.
Dios te ha dotado de inteligencia y de conocimiento.
No apagues la lámpara de la Gracia Divina, ni dejes que
se extinga el cirio de la sabiduría en las tinieblas de la
licencia y del error. Porque el sabio avanza iluminando
con su antorcha el camino de la humanidad.
Debes saber que un solo hombre justo produce más
aflicción al Diablo que un millón de creyentes ciegos.
Un poco de conocimiento operante vale infinitamente
más que un gran caudal de saber inactivo.
Si tu saber no te enseña el valor de las cosas y no te
libera de la esclavitud a la materia, jamás te acercarás
al trono de la Verdad.
Si tu conocimiento no te enseña a elevarte por encima
de la flaqueza y miseria humanas y a conducir a tu
prójimo por el sendero de la justicia, eres sin duda alguna
hombre de poco valor y seguirás siendo así hasta el
Día del juicio.
Aprende las palabras de sabiduría que pronuncian
los sabios y aplícalas a tu propia vida. Vívelas, pero no
trates de lucirte recitándolas, porque el que repite lo
que no sabe no es mejor que un burro cargado de libros.
Khalil Gibrán
LA VOZ DEL
MAESTRO